Es tarde, no me gusta acostarme tarde y no le he dicho jamás a nadie por qué, me duele la cabeza, si, pero también mi cabeza rota en torno a pensamientos extrañamente desagradables, recuerdo muchas cosas, las pongo en el presente y el resultado difiere de cuando estoy normal, cambia el orden lógico como una hipérbaton y termino en un lugar conocido, pero en el cual me es imposible estar, porque no quiero estar allí, me inundo en una psicodelia onírica en donde lo deforme se vuelve tan real, que se convierte en realidad por un lapso de tiempo suficiente como para abollar mi compostura.
Querida Prudencia.
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